Fumando en la azotea de su espalda, cosiendo besos en las curvas de sus dedos, cuando yo bajo él sube y cuando él sube yo bajo, sus dientes crean marcas en lo rosa de mi piel y el sudor de nuestros sentimientos roza la cordura en una noche sin voz, haciendo desaparecer mis pesadillas, sólo él. Me transporta hasta su ombligo y me peina con astucia, saboreo su ternura y araño su terciopelo, me muero por un beso, una explosión de algo más profundo.
La sinfonía de sus deseos hacen fuego en mi manera picarona de llamar su atención.
Escalar su montaña y encontrármelo cara a cara, teniendo dentro esa pasión que arde y se consume y renace y me quema, sabiendo que él lo sabe, que me muero por él, que me deshago por él.
Le hace el amor tan lento, lo saborea con suavidad, utiliza sus cinco sentidos, una gota de sudor le cae por el lado derecho de la frente y su pelo está tan húmedo que me hace suspirar sin que me vea, su concentración aumenta junto con mi frenesí, el frenesí que se despierta en el artista cuando contempla una obra de arte o el mismo frenesí que siente un muerto de sed cuando ve una botella repleta de líquido transparente.
No me aparto de la galaxia que esconde en sus ojos, me siento como una astrónoma en un universo virgen, quiero saber más de sus misterios, la tortura de tanta satisfacción, y me ataca la pregunta, la misma pregunta de siempre... ¿De dónde habrá salido un ser tan perfecto como él?
jueves, 2 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
Dos minutos
Entramos allí como tantas otras veces después de una corta noche de verano.
Él me mira y sonríe, empieza a desnudarse tan tranquilo, bañándose en la confianza que le genera mi presencia, sin dudar se desprende de su camiseta y sus pantalones y allí me encuentro como en medio del paraíso, abrumada por su belleza, por su naturalidad y me siento como una niña que observa algo prohibido previamente, me acoge una sensación de bienestar, mi cuerpo se transforma en vapor y mis ojos chispean, como si fuera la primera vez que veo su cuerpo desnudo, como la primera vez que sentí su halo de calor a mi alrededor, los segundos se transforman en minutos y el tiempo se espesa, mi subconsciente crea un vínculo entre él y yo, que se detiene en cada minúsculo detalle y hace que la sensación se intensifique.
Cuando miras algo tan fascinante como las estrellas, el sol, el mar, él es naturaleza, se mueve como si la tierra estuviera hecha para él, y no se da cuenta de mis miradas furtivas y mi deseo por que ese momento dure para siempre, es maravilloso cuando se gira y puedo ver sus labios gruesos y como el piercing que adorna su boca se mueve junto con su lengua. Estoy ahí plantada, templando por un roce de su mano, deseando sentir sus fuertes brazos estrechando mi cintura, estoy soñando con las vibraciones de su pecho, y su olor se desplaza hacia mi, haciendo que cada poro de mi piel experimente el nirvana.
Me encuentro totalmente paralizada, soy como una estatua llena de sentimientos, y la situación es tremenda, es común, es rutinaria, pero no, es especial, totalmente diferente, no se donde estoy, estoy a años luz de él, quizás y aún así no existe nada, no hay un tiempo ni un espacio y la necesidad de tocarle es completa y sincera, y se que si avanzo mi mano podré sentirle, pero eso sería como arrancar una flor por su belleza, injusto y cruel, al igual que interrumpir su protocolo.
Se que está a punto de terminar su cambio nocturno y que va a girarse hacia mi, se que tendré que reaccionar pero mis ojos como platos recorren hasta el último milímetro visible de su piel, y el echo de sus inocentes acciones lo hacen todo más interesante, y no quiero desviar la mirada, no ahora que llego a besarle con los ojos y siento esa impresionante conexión consciente con su alma, ese momento es tan único y él es tan único y me hace sentir tan única, estas cosas que son tan normales, tan personales, me hacen amarle incluso más, me hace sentir a salvo, me hacen dar las gracias, esos momentos son los especiales, cuando puedo mirarle y saber que es él.
Él me mira y sonríe, empieza a desnudarse tan tranquilo, bañándose en la confianza que le genera mi presencia, sin dudar se desprende de su camiseta y sus pantalones y allí me encuentro como en medio del paraíso, abrumada por su belleza, por su naturalidad y me siento como una niña que observa algo prohibido previamente, me acoge una sensación de bienestar, mi cuerpo se transforma en vapor y mis ojos chispean, como si fuera la primera vez que veo su cuerpo desnudo, como la primera vez que sentí su halo de calor a mi alrededor, los segundos se transforman en minutos y el tiempo se espesa, mi subconsciente crea un vínculo entre él y yo, que se detiene en cada minúsculo detalle y hace que la sensación se intensifique.
Cuando miras algo tan fascinante como las estrellas, el sol, el mar, él es naturaleza, se mueve como si la tierra estuviera hecha para él, y no se da cuenta de mis miradas furtivas y mi deseo por que ese momento dure para siempre, es maravilloso cuando se gira y puedo ver sus labios gruesos y como el piercing que adorna su boca se mueve junto con su lengua. Estoy ahí plantada, templando por un roce de su mano, deseando sentir sus fuertes brazos estrechando mi cintura, estoy soñando con las vibraciones de su pecho, y su olor se desplaza hacia mi, haciendo que cada poro de mi piel experimente el nirvana.
Me encuentro totalmente paralizada, soy como una estatua llena de sentimientos, y la situación es tremenda, es común, es rutinaria, pero no, es especial, totalmente diferente, no se donde estoy, estoy a años luz de él, quizás y aún así no existe nada, no hay un tiempo ni un espacio y la necesidad de tocarle es completa y sincera, y se que si avanzo mi mano podré sentirle, pero eso sería como arrancar una flor por su belleza, injusto y cruel, al igual que interrumpir su protocolo.
Se que está a punto de terminar su cambio nocturno y que va a girarse hacia mi, se que tendré que reaccionar pero mis ojos como platos recorren hasta el último milímetro visible de su piel, y el echo de sus inocentes acciones lo hacen todo más interesante, y no quiero desviar la mirada, no ahora que llego a besarle con los ojos y siento esa impresionante conexión consciente con su alma, ese momento es tan único y él es tan único y me hace sentir tan única, estas cosas que son tan normales, tan personales, me hacen amarle incluso más, me hace sentir a salvo, me hacen dar las gracias, esos momentos son los especiales, cuando puedo mirarle y saber que es él.
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