Cuando las palabras son más largas que los pasos hay problemas en el paraíso, se pone el sol y me veo reflejada en aquél precipicio, voy despacio, sin decir nada, rellenando vacíos, espacios que aparecen cuando no estás. Pero dejad de fingir que poseéis la felicidad, dejad de mentiros a vosotros mismos, no estáis donde decís creer estar, porque cada noche escucho esas falacias de amor salir disparadas de vuestras bocas y me duele el pecho de soportar tanta ineptitud y engaños.
Sólo veo frivolidad y verdades a medias, y nos veo tras la cascada, nos veo siendo más puros que la fuente de la eternidad, brillando hasta en la oscuridad y si no lo entienden es porque son el ciego que se niega a ver.
Buena suerte intentando destruir lo sagrado, lo eterno permanece y vosotros seguís nadando contra vuestros propios deseos en un pantano más negro que vuestros corazones, sobreviviendo a los demás, viviendo una vida que no es la vuestra, negando la evidencia y resaltando las mentiras.
En el paraíso también llueve; pero aquí siempre vuelve a salir el sol.
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