No se a que día vivo, sólo se que quiero una vida contigo, se revelan las mariposas en las tardes de otoño y me besas la boca con la lluvia entre nuestros labios, la fuerza de tus latidos le dan sentido a mi vida.
Tu olor es lo único que me mantiene consciente y le recuerda a mi cerebro, respira.
Las noches son duras, las semanas son frágiles y sumamente dulces, como el veneno de tus manos, tu mirada protectora en mi cuerpo, tu sonrisa susurrante me presiona con alabanzas misteriosas.
La música me acerca a ti, no hay nadie que consiga alejarte de mi, y como yo, nadie te amará, porque lo que te ofrezco es energía ilimitada, versos imposibles, quimeras, castillos derretidos, tu en mi, yo en ti, desde que nacimos.
Equis enfrentadas como caballos encolerizados, te lavas las manos con mi vaho, anillos de porcelana tierna me regalas con cada amanecer que despiertas a mi lado.
Rapeas mi oído y te fumas mi cuerpo llenando tus pulmones con todo mi ser, pruebas el néctar sagrado de Diosa pudiente, hasta que las tornas cambian y yo misma pruebo el elixir que guardas tan privadamente bajo todas esas capas de superioridad, me tomas porque soy tuya.
Dijeron que las estrellas se alinearían, ¿Te acuerdas? el cielo quedó negro durante años, aguardando por tu maravillosa renacida, ave fénix bendecido con fuego y cenizas, te elevaste hasta el fin de tus fuerzas, quemaste planetas buscando a tu pequeña luz azul, y moriste cientos de veces más aguardando la profecía de un color añil, de un rastro perdido en el camino que nos regresaba de vuelta a nuestro lugar original, y ahí estabas, tan solo y alicaído que no viste las estrellas ni su luz celestial tocando tus alas incendiadas, no lo viste, pero yo vi como se colocaban, y vi tu figura mágica, perlada, una visión imposible de olvidar, y allí te encontré, natural, como una brisa de verano, nos amamos.
Llueves sobre mi, tu tacto como cometas brillantes reflejadas en aguas calmadas, sólo puedo verte a ti a través de la multitud y lo único que llega hasta aquí es el eco de tu voz, como si nunca hubieras dejado de amarme, como si contara nuestra historia cientos de veces, como si, como no, somos únicamente tu y yo sobre esta tierra, puede caer hasta la última sombra, amarte es un pecado que nunca me importó cometer.
Nuestro amor lo empezó una mirada y no un beso, dato importante saber que te amé cientos de millones de veces antes si quiera de rozar tus labios, que te amé cuando llovía y te amé cuando todavía ni existía, que el agua no me impidió nadar hasta tus recios, grandes, fuertes brazos que ahora sujetan mi alma y acarician mi aura con la misma delicadeza y paciencia con la que se enhebra una aguja.
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