Y ya sabía que en el amanecer del tercer día tu no estarías cuando yo abriera los ojos, pero escuchaba los pájaros y veía el cielo asomándose por entre las montañas mientras la noche se iba para dar paso a un largo y frío día de verano que sin ti era hielo, escarcha.
Quiero vivir contigo, pero para eso se necesitan años, vivencias, experiencias, una ligera idea de futuro que aún, a nuestra edad no poseemos y al parecer aún queda tanto por andar que no se ve el final...
Descansa, unas horas nos separan del fruto divino, eres lo único que ven mis ojos, no existe ser ni persona, nadie que me haga sentir lo que tu me haces sentir y estoy dando las gracias, como cada mañana y cada noche, por tener la pieza que me hace estar completa.
El verso sencillo de una versión atemporal de un amor infinito que no comprende de kilómetros ni cuentos inventados. Tu cabeza descansa sobre mi pecho y desaparecen las luces que iluminan nuestro rostro como estelas de besos proscritos en un sin fin de historias no contadas, y aún así sostienes mi mano como la primera vez, haciéndome sentir como la primera vez, como si nada hubiera cambiado, pero es tan diferente ahora... me dejé llevar por el sabor salado de tu piel y las poesías de tus labios, por el algodón de tu mirada y el patrón de un amor eterno.
No entiendo nada, a penas concibo el término respirar cuando estás lejos, eso me preocupa, me preocupa amarte tanto y sentir estos celos por no poder hacer las cosas junto a ti, envidia de no poder estar a tu lado para verte conseguir todo lo que te propones, no es nada, pero quiero pasar cada minuto de mi vida dedicándote toda mi energía y motivación, así como antes te dedicaba mi tiempo, así como lo hago, siempre lo haré si me permites ese honor.
Sigo sin querer lujos, porque ya me haces sentir tremendamente afortunada, porque ya me haces sentir enormemente poderosa, si tu me amas... nada es mejor que tu amor, y se poco, pero de eso estoy completamente segura.
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