Me besaste bajo la lluvia escarlata y vi a través de la soledad que me acompañó durante tantos años, escalaste mis muros y venciste a las serpientes aladas que custodiaban mi mundo, pero no eres un príncipe, te miro y cada vez me doy más cuenta de que no lo eres.
El fuego arrasó nuestro corazón y tuvimos que empezar todas esas veces de nuevo sin preguntar, sin mirar atrás.
Pero escalaste hasta mi ventana y rompiste las cadenas, a pesar del hielo los brotes florecieron y así lo hizo nuestro amor.
Aspiré la frescura del llanto celestial y puse mi sentimiento en tus manos, sin dudar miré a tus ojos y vi que eras tu, tan fácil y a la vez tan difícil.
La locura me inundó.
Nos contagiamos de cordura insulsa y nos perdimos en el intento de ser quienes no éramos, luchamos por mantenernos alejados, apuñalando a este amor sediento pero nunca hasta matarlo, siempre con la esperanza de que no finalizara nunca del todo.
Y nunca terminó.
Descubrí que nuestras almas salían de nuestros cuerpos para unirse en una sola con un tesón envidiable, en las noches de terror se amaban a escondidas y nosotros con la conciencia tranquila, lúcidos en los cuerpos de otros pero amándonos en sueños.
No eres un príncipe... te miro y cada vez me doy más cuenta de que no eres un príncipe, eres mi rey.
No hay comentarios:
Publicar un comentario