Abrí los ojos, la lluvia golpeaba la ventana con toques de desesperación, era de noche, las farolas aún estaban encendidas y la calle seguía desierta, solté la cortina y me volví a acomodar. Cerré los ojos. Estaba cómoda y caliente, volví a abrirlos, como si acabara de recordar algo que no debería haber olvidado, me giré con ansiedad y le eché un vistazo al otro lado de la cama, pero estaba vacía y una lágrima me acompañó hasta quedarme dormida de nuevo.
El rojo de tu voz ácida me golpeó con fuerza, resistí el temporal con la promesa que me hiciste aquél día debajo de la mesa, subidos a una moto, tu delante y yo detrás, más rubios que un girasol en pleno agosto, simples de almas puras, poderosos en la ignorancia, con versos constantes que hablaban de nuestras risas.
¿Qué hacer? Si regresa el boomerang debes de cogerlo, nosotros somos la teoría del caos y no el efecto mariposa.
Escuchas lo que pienso, hablo con los oídos y te hago entender con la mirada, voy a quemar la distancia que nos mantiene alejados y entonces te morderé hasta los huesos, me beberé tu pasión endulzada, llegaremos al lugar donde tú y yo seamos reyes y juntos el mundo será nuestro.
Besos para quién los quiera, yo voy a comerte la boca con lujuria embotellada, tendremos sexo con la mirada, después nos mancharemos los pantalones sólo para volver a empezar todo otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario