No os dejéis burlar por la sonrisa de mi rostro, esa sonrisa puede guardar muchas mentiras.
Si queréis encontrar verdad, mirad a los ojos, y cuando veáis entenderéis que hay más pena que dicha en ellos.
Se que debería estar feliz, debería estar radiante, debería estar increíblemente viva y llena de alegría, debería... por saber que puedo sentir esa cosa tan maravillosa llamada amor, por despertar un día más, pero aquí no tengo que fingir, no me siento así en absoluto.
Aunque duerma horas, al despertar siento como el mundo cae sobre mis hombros, mis ojos no quieren ver y mi cuerpo se vuelve una masa pesada y agobiante que no quiere moverse. Siento cansancio y tengo la ligera sospecha de que no es algo físico, es mi alma que no quiere seguir adelante.
A pesar de todo esto, esta mañana te he leído, he leído tu llamada de amor en silencio, he permanecido callada y realmente la verdad es, ni más ni menos, que no pensaba en qué sería lo que me habías dicho o cuales serían tus palabras, sólo sabía que habías pensado en mi y que te había superado el tenerme ahí, tan cerca y no dedicarme unas palabras.
Yo te dedico las mías aunque no las leas, quizás nunca lo hagas si yo no doy el paso de enseñártelas, pero si lo hiciera no sería justo.
Se que en sueños luchas por llegar a mi, que gritas mi nombre hasta romperte la voz, que corres por mil sitios distintos intentando encontrarme, lo se porque yo hago exactamente lo mismo y a veces te alcanzo y a veces no soy capaz ni de rozar tu espíritu.
Estoy afligida, no por ti, yo se que estarás bien, no por mi, yo se que me haré más fuerte, estoy afligida por este sincero y dulce amor que apartamos y guardamos en cajas de cristal, este amor tan bondadoso al que alejamos cada vez que intenta enamorarnos una y otra vez, este amor paciente que muere y revive, que sueña con nosotros, este amor que rechazamos y aún así no se rinde, porque tiene fe en nosotros, y la fe es algo tan grandioso y tan eterno que a pesar de todo nunca nos dejará.
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