Te perdí, perdí tu calor, tu mirada, perdí de vista tu olor, tu ser, tan solo te alejaste y te perdí entre mis lágrimas, el camino desapareció y el telón se bajó.
Repté por el frío suelo de cristal buscando maneras de alejarme de allí, las puertas se cerraban y ya casi no recordaba el color de unos ojos que en algún momento de esa terrible existencia me habían brindado cariño de manera altruista.
La luna se fusionó con el sol y no se como lo se, pero no estabas conmigo, y diría que estaba sola, pero no era eso lo que me importaba y por eso digo, no estabas conmigo.
En medio de un carnaval de ladrones enmascarados, me robaron el cielo y me dejaron las estrellas en un bote de misericordia. Crucé el océano de negro para llegar al final del camino, solo para descubrir que nos habíamos olvidado.
Olvidamos cada gota, molécula del ser, el brillo de la nieve dulce, olvidamos el por qué, olvidamos quienes éramos, perdimos el norte y te vi marchar, me giré, no pude ver más y no te vi...
No te vi volver la vista atrás, no te vi amándome en silencio, amando mis recuerdos, no vi tus señales, yo sólo vi tu olvido.
Juro que busqué, nuevos caminos, nuevas caras y nuevos destinos, busqué alejarme tanto como pude y me alejé pero siempre te tuve cerca, nunca encontré porque lo que buscaba ya lo había perdido, dejé que me golpeara, me cortaron las alas y caí... y te perdí.
Maté cada rayo de esperanza que intentaba penetrar en mi fortaleza, mataba pero revivía y no quise dejarlo entrar porque eso significaba sufrir, sufrir al recordar nuestro olvido.
La espada se resbaló de mi mano y la debilidad se apoderó de mi como el agua se transforma en vapor, me rendí, después de todo, me rendí, el suelo desapareció bajo mi cuerpo inerte y caí, la luz me dejó ciega, mis alas habían desaparecido y yo pronto también lo haría.
Pero sucedió, sucedió que no olvidamos, que no nos perdimos, que no nos fallamos, sucedió que decidimos abrir los ojos.
Eros llegó y salvó a su Psique...
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