Tengo tus dibujos, tus buenas noches, los detalles de tu amor, llevo tu gorra y tu ropa puesta cuando salgo a la calle, cuando dibujo, cuando escribo y hasta cuando duermo, te llevo en mi piel, siempre estás en mis pensamientos, pero has escavado tan hondo en mi corazón que hasta me hiere estar un segundo sin pensarte y es así, porque tengo todo y no tengo nada.
Ahora te llevo tan dentro y te tengo tan lejos que el aire no llega a llenarme como antes lo hacía, tu recuerdo me ahoga y tu presencia me hace el boca a boca.
No quiero ver amanecer si no es en tus brazos, no quiero respirar si no son tus alientos, no quiero tocar si no es tu piel, no quiero mirar si no es a tus ojos, no quiero hablar si no es de ti, no quiero escuchar si no es tu voz, no quiero sentir si no es tu amor.
Mi Zahir...
Mi cuerpo estaba ardiente, con respiraciones lentas y pausadas se movía mi pecho, y escuchaba tus sueños, abrí los ojos y ahí estaban los tuyos, cálidos como una noche de verano, suaves como terciopelo, y dulces, más dulces que el algodón rosado. Me miraban con tanto amor que veía el brillo del fuego danzante en ellos.
Tus manos me rozaron la cintura y las caderas como amantes enamoradas, ásperas y delicadas, son llamas, creadoras de incendios, brutas y sensuales, manos de músico apasionado, mi cuerpo es tu piano.
Acariciaste mis labios con los tuyos, pronunciaste las palabras de tu mente a la mía, leí el pergamino secreto de tu magia y convertí tu ira en serenidad, dos corazones con un solo latido.
Soy musa de un Dios terrenal, de un ángel caído, de un ser celestial, nacido de kryptonita, partículas de estrella roja y energía infinita, llega de sus viajes a modificar mi aura y a llevarme con él hacia el otro plano...
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